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Sirviendo con Gozo y Amor en las Misiones

November 4, 2016

 

 

Nuestro Señor Jesús  respondió al fariseo que le preguntó: “Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?    “Y Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente.  “Éste es el primero y grande mandamiento.  “Y el segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:36–39).

 

Sólo cuando amemos a Dios y a Cristo con todo nuestro corazón, nuestra alma y nuestra mente, seremos capaces de compartir ese amor con nuestro prójimo mediante actos de bondad y de servicio, de la manera en que el Salvador nos amaría y serviría a todos si estuviera hoy entre nosotros.

 

Cuando ese amor puro de Cristo, el amor, nos envuelve, pensamos, sentimos y actuamos más como nuestro Padre Celestial y Jesús piensan, sienten y actúan. Nuestra motivación y el deseo sincero son semejantes a los del Salvador. Él compartió ese deseo con Sus apóstoles en la víspera de Su crucifixión. Él dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado …“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” (Juan 13:34–35).

 

El amor que describe el Salvador es un amor activo; no se manifiesta por medio de acciones grandiosas y heroicas, sino por medio de actos sencillos de bondad y de servicio.

 

Hay miles de formas y circunstancias en las que podemos servir y amar a los demás. Me gustaría sugerir algunas.

 

En primer lugar, el amor  empieza por casa. El principio más importante que debería regir todo hogar, es la práctica de la regla de oro; es decir, que “todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:12). Imagínense por un momento cómo se sentirían si fueran ustedes los receptores de palabras o actos desconsiderados. Enseñemos a los miembros de nuestra familia, por medio del ejemplo, a tener amor unos por otros.

 

En Segundo lugar, otro lugar donde tenemos grandes oportunidades de servir es en la Iglesia. Nuestros barrios y nuestras ramas deben ser un lugar donde la regla de oro siempre guíe nuestras palabras y nuestras acciones hacia los demás. Al tratar a los demás con amabilidad, brindando palabras de apoyo y aliento, y al ser sensibles a las necesidades unos de otros, podemos contribuir a crear una compasiva unidad entre los miembros del barrio. Donde hay amor, no hay lugar para los chismes ni las palabras hirientes.

 

Un tercer ámbito en el que podemos prestar servicio es en nuestras comunidades. Podemos tender la mano a los necesitados como manifestación de nuestro amor e interés. Ayudando a los “Homeless” aquellos que no tienen casa; huérfanos, viudas, asilos; etc Hay innumerables maneras de servir.

 

Mediante nuestra bondad y servicio sinceros nos hacemos amigos de las personas a quienes servimos. De esas amistades surge mayor entendimiento de nuestra devoción al Evangelio y un deseo de aprender más acerca de nosotros.

 

Cuando hacemos esto, amadas hermanas, las personas sentirán nuestra sinceridad y nuestro amor. Muchos querrán saber más acerca de nosotros. Sólo así la Iglesia se expandirá y llenará toda la tierra..

 

En todo nuestro servicio tenemos que ser sensibles a los susurros del Espíritu Santo. La voz suave y apacible nos hará saber quién necesita nuestra ayuda y qué podemos hacer para ayudarlos.

 

 

 

Silvia Aké

Presidenta de la UFM de Texas

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